No nos es extraño a estas alturas ya, la incorporación de una nueva técnica, al mundo conceptual del, a veces repudiado, término arte. De la fotografia, que ya suscitó un aferrado debate a finales del s. XIX; al video, que de la misma manera empezó a ser aceptado en los 60, a tantas nuevas formas de trabajo ejecutadas bajo técnicas digitales. De los artesanos que trabajaron en el medievo, pasando por los gremios asociados del renacimiento, a los colectivos, por poner un ejemplo de la variopinta actualidad; el término artista, ha ido transmutando, según el momento histórico i la posición que éste a tenido, o requerido. De la misma forma ha actuado el universo etimológico que le rodea, cómo los conceptos en el qual se han ido desarrollando i adhiriendo.
Sin embargo, detectamos como estos cambios, que no son mas que el reflejo de la evolución cultural, chocan a menudo, con la vana intención de algunas elites intelectuales, de establecer una relación cerrada i definitiva, entre los agentes que actuan en el mundo del arte. Así es como durante el periodo griego la posición del artista dentro de la jerarquia social, no se encontraba en un punto demasiado elevado, dado que se trataba de un trabajo manualmente realizado a través de la técnica; durante el romanticismo, ya se daba por supuesto que el artista trabaja bajo la inspiración, extrayéndola a menudo de la, en ese tiempo concebida casi divina, naturaleza; en nuestros dias, se intuye una especie de conglomerado de disciplinas muchas veces visuales (pintura, dibujo, il·lustración, fotografia i video manual i digital, expresiones digitales, i un largísimo … ), pero que también abarca un amplio abanico de productos musicales, sonoros, literarios, o incluso meramente industriales; dónde el lazo mas fuerte que los mantiene pegados, és el modus operandi, estos son sus processos de trabajo, cuya característica principal dependería de la creatividad.
Pero siendo esta, una clasificación medianamente resuelta (valga lo inocuo de la expresion), ocurre que al no estar arraigada en todos los circulos intelectuales se producen desajustes en la visión de si mismo que el mundo del arte, proyecta hacia fuera. Entonces, ¿ si la performance, y el video estan ya casi integradas en tal mundo; porqué un programa de televisión, construido de forma narrativa (usando asi una etimologia propia del arte), dónde se da el acto cotidiano pero performático de exponer la cocina, acto creativo ya de por sí, de una forma redundantemente creativa, no debe ser considerado arte?
La respuesta quizá la podamos encontrar en la dualidad arte alto / arte bajo que desde tiempos antiguos, los circulos de poder influyentes sobre el arte, han defendido a capa y espada. Recordemos por ejemplo, la división existente en el medievo, entre música sacra de caràcter religioso, y música secular, ejemplificada en la música de los trobadores.
Otro fenómeno reciente que se esta produciendo en una basta producción, digamosla al menos cultural; es la interdisciplinariedad. Por nombrar un par de casos, véase las tantas intervenciones escultorico-paisajistico-arquitectónicas, que se estan subvencionando en espacios publicos (Otro dia, hablaremos de lo interesados que se sienten algunos ayuntamientos en dotar sus ciudades de millonarias obras publicas firmadas por grandes nombres, con el fin de sumarles, quizás, un cierto grado de identidad; aunque parezca que los tiempos de esas faraónicas obras arquitectónicas de la sinrazón, con la causa, que es a su vez consecuencia de la crisi se esten empezando a questionar ); o podemos fijar-nos en el cine, dónde intervienen de un guionista, a unos cuantos actores, incluso fotógrafos y músicos, como ejemplo de colectividad. Si entendemos esta serie como un acto performático capturado y editado, cuantos de los cinco términos que nos valen para definirlo escapan al argot del mundo del arte actual?
El último peldaño que deberia superar este producto de Jamie Oliver como tantos otros, es el de la fariseización que sufre toda creación pensada para, i a través de la televisión comercial. Y es que a pesar de las similitudes demostradas con el hecho artístico, és obvio, que ambos són tratadas por nuestro sistema democrático i capitalista, desde dos mercados totalmente diferentes; adyacentes, pues institucionalmente ambos son tratados como cultura, pero claramente delimitados. Quizás la preocupación de Oliver por la difusión de unos habitos alimenticios coherentes, no sea el mayor problema del que una sociedad deba concienciarse; pero es esa crítica, lo que situa a Oliver, un poco mas lejos de la opinion que desde la televisión comercial (haciendose valer de anuncios de consumismo abigarrado, de grandes superfícies patrocinadas por mayores holdings), tratan de convencer a todo consumidor vivo… y muerto.
Sin embargo, detectamos como estos cambios, que no son mas que el reflejo de la evolución cultural, chocan a menudo, con la vana intención de algunas elites intelectuales, de establecer una relación cerrada i definitiva, entre los agentes que actuan en el mundo del arte. Así es como durante el periodo griego la posición del artista dentro de la jerarquia social, no se encontraba en un punto demasiado elevado, dado que se trataba de un trabajo manualmente realizado a través de la técnica; durante el romanticismo, ya se daba por supuesto que el artista trabaja bajo la inspiración, extrayéndola a menudo de la, en ese tiempo concebida casi divina, naturaleza; en nuestros dias, se intuye una especie de conglomerado de disciplinas muchas veces visuales (pintura, dibujo, il·lustración, fotografia i video manual i digital, expresiones digitales, i un largísimo … ), pero que también abarca un amplio abanico de productos musicales, sonoros, literarios, o incluso meramente industriales; dónde el lazo mas fuerte que los mantiene pegados, és el modus operandi, estos son sus processos de trabajo, cuya característica principal dependería de la creatividad.
Pero siendo esta, una clasificación medianamente resuelta (valga lo inocuo de la expresion), ocurre que al no estar arraigada en todos los circulos intelectuales se producen desajustes en la visión de si mismo que el mundo del arte, proyecta hacia fuera. Entonces, ¿ si la performance, y el video estan ya casi integradas en tal mundo; porqué un programa de televisión, construido de forma narrativa (usando asi una etimologia propia del arte), dónde se da el acto cotidiano pero performático de exponer la cocina, acto creativo ya de por sí, de una forma redundantemente creativa, no debe ser considerado arte?
La respuesta quizá la podamos encontrar en la dualidad arte alto / arte bajo que desde tiempos antiguos, los circulos de poder influyentes sobre el arte, han defendido a capa y espada. Recordemos por ejemplo, la división existente en el medievo, entre música sacra de caràcter religioso, y música secular, ejemplificada en la música de los trobadores.
Otro fenómeno reciente que se esta produciendo en una basta producción, digamosla al menos cultural; es la interdisciplinariedad. Por nombrar un par de casos, véase las tantas intervenciones escultorico-paisajistico-arquitectónicas, que se estan subvencionando en espacios publicos (Otro dia, hablaremos de lo interesados que se sienten algunos ayuntamientos en dotar sus ciudades de millonarias obras publicas firmadas por grandes nombres, con el fin de sumarles, quizás, un cierto grado de identidad; aunque parezca que los tiempos de esas faraónicas obras arquitectónicas de la sinrazón, con la causa, que es a su vez consecuencia de la crisi se esten empezando a questionar ); o podemos fijar-nos en el cine, dónde intervienen de un guionista, a unos cuantos actores, incluso fotógrafos y músicos, como ejemplo de colectividad. Si entendemos esta serie como un acto performático capturado y editado, cuantos de los cinco términos que nos valen para definirlo escapan al argot del mundo del arte actual?
El último peldaño que deberia superar este producto de Jamie Oliver como tantos otros, es el de la fariseización que sufre toda creación pensada para, i a través de la televisión comercial. Y es que a pesar de las similitudes demostradas con el hecho artístico, és obvio, que ambos són tratadas por nuestro sistema democrático i capitalista, desde dos mercados totalmente diferentes; adyacentes, pues institucionalmente ambos son tratados como cultura, pero claramente delimitados. Quizás la preocupación de Oliver por la difusión de unos habitos alimenticios coherentes, no sea el mayor problema del que una sociedad deba concienciarse; pero es esa crítica, lo que situa a Oliver, un poco mas lejos de la opinion que desde la televisión comercial (haciendose valer de anuncios de consumismo abigarrado, de grandes superfícies patrocinadas por mayores holdings), tratan de convencer a todo consumidor vivo… y muerto.
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